En fin... Este es el relato que presenté al certamen de relatos breves contra la violencia de género, con el que intento pensar en todo lo que una mujer que sufre esa lacra social diria a su "queridisimo esposo" al ver que acude de nuevo al hospital con una sonrisa en los labios. Espero que os guste o por lo menos que no os deje indiferentes. Besitos
Conocí hace unos años a Azaak, una chica encantadora, simpática, alegre, extrovertida, de ojos muy expresivos de la que me sorprendió su agilidad… Se casó el pasado año con Eros, un chico de su trabajo. Se le ve bastante bien junto a él, pero, Azaak últimamente se ha vuelto más callada y torpe, ya no viene a tomarse algo después del trabajo, ya no es “la chica de la sonrisa perenne”, llega cabizbaja, con los ojos hinchados y enrojecidos. No sirve de nada que le preguntes que le ha pasado, siempre responde lo mismo: “Nada… esta noche no dormí muy bien…”, hace dos días vi lo que parecía ser un hematoma en su gemelo, y al preguntar, como hace dos meses, obtuve la misma respuesta: “Es que Madrid está lleno de agujeros”. Hoy tampoco ha venido a trabajar, creo que tenia cita con el medico, desde hace tres o cuatro meses va con mucha frecuencia… ¿Estará embarazada?...
“Lo había prometido, pero una vez mas estoy aquí, rodeada de gente que no conozco de nada, y él… Él no está. No aguanto mas está situación. ¡Míralo! Ahí viene con un ramo de flores y un “Lo siento, me he pasado, no volverá a pasar” sale de su boca por enésima vez, pero, ¿Para qué pedirme perdón, o (lo que es mas paradójico) perdonarte si previamente sé que todo seguirá igual?, ¿Para qué?, ¿Para volver a casa?, ¿Para que vuelvas a golpearme como si fuera un saco de arena? Quizá es para que puedas lanzarme contra las paredes del salón, ¿Arrojarme al suelo y molerme a patadas tal vez? Voy a preguntarte algo, ¿Qué es lo que echas de menos y anhelas? ¿Las bofetadas?, ¿Los puñetazos?, ¿Las patadas?, ¿El rodear mi cuello con tus manos mientras ves como mi cara se torna rojiza? Puede que lo que extrañes sea el tener alguien con quién practicar tu puntería arrojándole todo lo que encuentras a tu paso en uno de tus ataques de ira y mientras le gritas lo inútil o lo estúpida que es, y que a las cosas hay que llamarlas por su nombre y a partir de ese momento la llamaras basura o cualquier otra cosa mucho peor…
Como siempre soy yo quién lo siente, nuevamente he sentido como tus manos recorrían mi cuerpo de la cabeza a los tobillos, no con caricias como los primeros meses, sino magullándolo como si de una cabeza de ganado se tratara…
Solo quiero decirte que esta vez ha sido la última. Llevo mucho tiempo dándole vueltas al tema y se que si te perdono una vez más, ¡Ese perdón puede costarme la vida! Estoy harta de tu actitud manipuladora y de tu facilidad para darle la vuelta a las cosas para que parezca yo la culpable de todo, porque sólo es eso, apariencia. Soy más consciente de lo que crees, ¿O en realidad parezco tan tonta? La primera vez fue porque llegaste a casa y yo no estaba, solo fue un empujón pero ya fue suficiente, en ese momento tu cara cambió, tus ojos se clavaron en los míos no llenos de amor como cada día, sino llenos de un odio que nunca antes había visto en ti. Fue suficiente para apreciar que mi matrimonio con Eros se había convertido en mi matrimonio con Hades. Siento desilusionarte, mas si la comida está fría, es porque tú llegas tarde; si el equipo de fútbol que te gusta pierde, es porque el otro equipo merecía ganar; si el árbitro no ha pitado ese penalti, es porque un jugador estaba delante suya y no ha visto nada; si tu empresa amenaza con hacer recorte de personal, tu jefe te baja el sueldo o si tu esperabas una niña y lo que viene es un niño, son factores totalmente ajenos a mí. No tengo por qué recibir una bofetada o una paliza cada vez que las cosas no salgan como tú esperas…
Esto no es un “te espero en casa cuando salgas de aquí, amor”. Es un adiós, llevo un año en una “cárcel de amor”, pero, me cansé de ser prisionera, tengo un niño al que educar y una vida que vivir, y eso si, sin ti. No estoy sola, la sociedad me apoya. ”
Azaak deseó decirle todo esto a Eros pero lo único que salió de sus labios fue un “Se acabó, no aguanto más. No quiero verte en casa cuando salga de aquí” muy débil, tembloso y empapado en lágrimas. Pero Azaak sabe que no esta sola que la “cárcel de amor” no volvería a abrir sus puertas para recibirla, sabia que su vida daría un giro completo y comenzaría de nuevo, una nueva luz brillaba en ella, la luz de la esperanza.
Hace unos meses volví a ver a Azaak, iba con su pequeño. Estaba viviendo en un piso con otras mujeres y niñas en su misma situación. Mientras tomábamos algo se armó de valor y me contó su historia. Entre lágrimas, dijo que Eros o “Hades” (como lo llama ahora) seguía llamándola pidiéndole perdón y jurándole que no volvería a pasar. Tenía miedo, miedo de volver a caer como una niña en sus engaños y sus tretas. Hablamos durante horas y al llegar a la puerta de su casa le dije que se valorara, se cuidara y que esperaba como alguien dijo, que “la próxima vez que te levanten la mano sea para saludarte”, que sólo si ella se quería la gente lo haría, debía confiar mas en ella y ser fuerte aunque hayan pasado los años, que siguiera adelante con su preciosa mirada, estoy segura de que siempre mira con el corazón, que disfrutara y se ayudara del tiempo. Tras abrir la puerta, con lágrimas recorriendo sus mejillas, se giró y me dijo: “¿Acaso tú te querrías si tuvieras a alguien repitiéndote constantemente que eres basura?” A lo que yo respondí: “No lo sé. Lo único que sé es que no necesito una corona para ser una princesa”
Acabo de ver a Azaak y su rostro irradia felicidad como el día en que se cruzó en mi vida. Ella es el ejemplo de que cerrar una “cárcel de amor” es posible.
jueves 27 de diciembre de 2007
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