viernes 18 de abril de 2008

Te echo de menos


Hoy de un modo especial necesito escucharte prometiéndome que el tiempo pone a cada uno en su sitio, que las aguas no tardarán en volver a su cauce, necesito llegar a casa y verte salir por la puerta del patio, con tu encantadora cojera, preguntándome cómo me han ido las clases, qué tal el día o refunfuñando porque “siempre entro silbando como ‘la de Menaya’”, lo que sea, pero quiero verte. Ver tus verdes ojos que rejuvenecen con el paso del tiempo, con el avance de los años, unos ojos vivos llenos de sabiduría, capaces de expresar un millón de cosas sin necesidad de emitir ni un solo sonido. Ver tu cara, llena de huellas por el paso del tiempo que dotan tu rostro de una dulzura inigualable. Ver tus manos, cargadas de caricias que regalar a todos los que quieres y que sé que estés donde estés, nos regalas todos los días. Pero si hay algo que añoro es tu voz, esa que transmitía tranquilidad en momentos de histeria, una voz dulce, suave, tranquila.
Pero aparentemente todo esto se acabó. Tus ojos se cerraron porque en dos años envejecieron lo que no habían envejecido en setenta y cinco, tus manos se cerraron callosas de todo lo que has trabajado y jugado con tus cuatro nietos. Y tu voz, ¿Tu voz? Se calló, se apagó, se silenció. Ya no habrá mas tortillas, ni migas con chocolate con “Villarriba”, pero lo peor de todo es que ya no habrá mas Julia, ni más bromas, ni mas consejos, ni mas carcajadas al recordar lo que fueron “problemas” años atrás, un momento, ¿No habrá mas Julia? No, no puede ser, no puedes desaparecer así como así, aun no puedes hacer “tu viaje” como lo llamas. Te necesito aquí, te necesito aunque sean quince minutos, para decirte que te quiero, para pedirte perdón por todo lo que he hecho mal, para decirte que eres un gran punto de referencia para mi, que siempre te tengo presente, porque tú has contribuido en gran medida a que me convierta en lo que soy.
Parte de ti no se ha ido y estará siempre conmigo, ya sea para dar los consejos, que tú me diste un día, a alguien que los necesite, como los necesité yo en su momento, o para recordar con mis amigas las regañinas tras dejar el patio empapado al finalizar una “guerra” de globos de agua. ¡Dios! ¡Te echo tanto de menos! No imaginas lo que extraño tus “ya, ya… Cuando yo haga ‘mi viaje’” con los que acababas todas nuestras “discusiones” o tus “y yo también” al decir que ya había llegado a casa…
Pero tu voz… se ha callado, mejor dicho, la han callado, pero ha sido una célula, algo tan pequeño e indefenso como un granito de arena, o quizás mas pequeña, pero tan destructiva que ha sido capaz de acabar con setenta y cuatro años de vitalidad, alegría, sufrimiento en los últimos momentos, emociones, al fin y al cabo momentos. Momentos inolvidables que has ido tallando en nuestros corazones y que siempre estarán aquí junto a tu recuerdo.
Donde quiera que estés, sigue ejerciendo de gran matriarca como has hecho siempre y ayúdanos a sopesar los pros y contras de una decisión.
Te quiero
Besitos estés donde estés